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Resumen
- 07/10/2008 21:50 - PILARES DESDE LA BARRERA
- 21/10/2008 10:35 - DE LOBOS ESTEPARIOS Y LOBAS URBANITAS
- 28/10/2008 03:11 - MÁS FLACOS Y MÁS VIEJOS
PILARES DESDE LA BARRERA
No, no me he caido por ninguna alcantarilla de Mañoland, no he emigrado a Laponia huyendo del gentío popular de las fiestukis patrias, no me he desmayado de emoción al ver a Los Chichos de cerca cantando esos grandes y renovados hits que todos tenemos tan dentro (ni má, ni meno, ni má, ni meno..., olé ahí), ni tampoco he sufrido un brote etílico en Interpeñas cual quinceañera inexperta en cata de calimotxo y querencia agresiva a la barra (aunque poco me ha faltado... me cuesta madurar, sip).
Aquí estamos, en medio del chaparrón devoto venerando las Fiestas de Nuestra Señora, cada uno a su manera, cada cual a su ritmo: unos de conciertos, otros trabajando; unos de vaquillas, otros trabajando; unos poniendo a prueba los límites de su hígado, otros trabajando. Sí, sí, que me toca currelar en estas fiestas, siguiendo mi tradición de pringada-woman. Y no es que me haya hecho camarera, tendera, vendedora de globos o de flores luminosas... es que la gente está muy nerviosa con esto de la crisis económica y les ha dado por la hiperactividad financiera, que si vendo esto, que si compro aquello (aquel que puede vender y comprar, claro, otros observamos la lluvia desde la ventana y a esperar que pase).
El domingo pasado le dimos un toque más de rancia melancolía a la jornada y nos fuimos derechas a la Pza. del Pilar a ver a los de Pucela. Y claro, con la que está cayendo, hablar del caso Gal y de Roldán, como que no viene a cuento. El ni má, ni meno, ni má, ni meno permanecerá, pero hay cosicas que tenemos que actualizar, hombre. Renovarse o morir, dicen. Que tomen nota algunos.
Respirando esa extraña mezcla de trasnoche y nostalgia del pasado estábamos, cuando se hizo una canción:
Caminando por las calles, todo tiene igual color, siento que algo hecho en falta, no sé si será...
Y en esas estamos.
Y esperando la huida a Londres, también.
Ya sólo queda un mes.
DE LOBOS ESTEPARIOS Y LOBAS URBANITAS
La semana pasada terminé, por fin, con la que es considerada por muchos la obra cumbre de Herman Hesse, "El lobo estepario" (1927). La pista de este libro me la dio una de las comentaristas del blog y, vaya con el librito, tiene tela, sobre todo por sus componentes surrealistas y las divagaciones finales en las que se interna Hesse en las últimas páginas. La historia de Harry Haller, el prota (casualmente comparte iniciales con el autor, lo cual nos hace pensar en una narración autobiográfica), es la de un tipo solitario, desarraigado, que lucha con una dualidad constante en su personalidad entre el hombre y el lobo, que convive en continuo conflicto consigo mismo y con el medio.
Yo, por mi parte, como la lectura del libro me dejó bastante traumada, he intentado desligarme lo más posible del personaje en los últimos días. Y aunque todos, en ocasiones, tenemos nuestros momentitos de lobo estepario, de misantropía, de desgana social, la última semana me alejé bastante de las estepas para internarme en los vericuetos urbanos más profundos.
Para empezar, el jueves cena con los compañeros de curro, porque nos dejan dos de ellos: M. nos abandona buscando la aventura de su nueva vida en Dubai, y J.L. emigra hacia tierras castellanas para ampliar su formación y, ya de paso, cambiar de aires (eso que necesitamos todos, de vez en cuando). Fuimos a La Paradica, un bar del Tubo, y luego de fiestuqui. Estuvo muy bien la cosa y mejor que habría estado si a la mañana siguiente no me hubiese tenido que levantar a las 6.30 para ir a trabajar, habiendo dormido dos horas y con un resacol del quince, después de varias cervezas, vino, sangría y un par de copazos de vozka.
Aún así, sobreviví a la jornada (porque yo lo valgo) y, en cuanto comí, me puse rumbo a los Madriles. Llegué ya entrada la noche, fuimos a cenar y después a Malasaña. Celebrábamos el cumpleaños de my sister. A las cuatro (por mucho que yo lo valga), me caía de sueño. Así que hice mutis por el foro y cogiendo un taxi, abandoné la noche.
Y es que ahí no acababa la cosa, el sábado noche quedaban dos cumples por celebrar, el de P. y el de S. Organizamos fiesta en casa, como P. es cámara de Tele-5, la casa se llenó de diversos frikis del medio, al final intentábamos respirar el mismo aire más de treinta personas, cual Gran Hermano masivo (con una Mercedes Milá histérica por el omiso caso a sus reiteradas campañas anti-tabako). Pasadas las seis, la gente empezó a abandonar el barco. Y yo respiré tranquila porque tenía unas ganas de pillar el sobre... tremendas!
Por la mañana, levántate a las 10.00, coge un autobús incómodo y destartalado y regresa a Mañoland, come, échate la siesta y vete a currar, que entras a las 22.00.
Y aquí sigo. Como Harry Haller, ante la puerta del Teatro Mágico. Y una inscripción que dice: Entrada no para cualquiera.
Pues eso. Que sólo a unos pocos inconscientes se nos ocurre pegarnos semejante paliza el fin de semana... el fin de semana! Ese tiempo ideado, teóricamente, para el descanso de cuerpo y mente, y el dolce non fare niente, que tanto se agradece después de currelar.
Ahora sí, me voy al sobre. Que me lo he ganau. Por inconsciente.
MÁS FLACOS Y MÁS VIEJOS
Hoy te he visto, caminabas distraido concentrado en la música de tu Ipod, concentrado en tu propio despiste, pensando en vetetuasaberqué. En el trabajo, en tu familia o en alguna chica. Dando vueltas.
No has cambiado de ciudad. Observabas tu propia imagen en los cristales de los coches ajenos, de los portales de otros, en pequeñas concesiones de vanidad inconsciente.
Estás más delgado. Pero mantienes tus patillas indelebles, inmunes al paso del tiempo. Llevabas un periódico en la mano y, en acto de nerviosismo, lo zarandeabas de vez en cuando en el aire, sin dejar de caminar.
Y no sé. De pronto, he comprendido por qué lo dejamos. Y por qué, aunque nos hayamos cruzado varias veces, no nos hemos vuelto a ver.
Aunque yo tampoco he cambiado de ciudad. Y aunque los dos seamos más flacos y más viejos. O quizás, precisamente, por eso.
