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MONOLOGANDO

Esta noche hemos vuelto a los monólogos del Juan Sebastian, que han decaido un poco respecto a los de la semana pasada... Qué grande el arte del monólogo. Parar la circulación humana y las aceras, subir a un banco o escenario, gritar las tonterías que atacan el subconsciente, contar la vida del revés, sacar punta a los detalles, reir las preocupaciones y reducirlas al absurdo. EL ABSURDO. Gran invento. Que nos ayuda a entender y a entendernos. A nosotros y a los otros. A las circunstancias y casualidades. Y al sinsentido.

Me voy a monologar con la almohada, que mañana quiero ir a la pisci y el finde trabajo de noches, yujuuu.

TOKIO YA NO NOS QUIERE

¿Qué pasaría si nos despojasen de nuestros recuerdos?

Los recuerdos nos construyen, son los pilares que soportan nuestro presente.

El mundo se reduce cuando uno es capaz de olvidarlo casi todo.

De ello trata "Tokio ya no nos quiere", un relato contra la memoria que acabo de empezar hoy (sigo con Loriga)...

 

Me renuevan en el trabajo. La veleta se detiene un instante, para analizar el viento que la ha hecho girar hasta aquí, hasta esta precisa posición, recopila movimientos previos y medita unos segundos, hasta que el viento vuelva a soplar con fuerza y la haga danzar y dar vueltas, nuevas vueltas de tuerca...

TODO POR AMOR

Resumen del finde:

Sábado noche: Cena en mexicano con amigas para celebrar cumple de una de ellas, puesta al día de nuestras vidas, con un indiscutible tema central: la próxima boda de L. y la previsión del juego que dará su futura suegra en la misma (asunto que, por sí mismo, daría para iniciar un blog temático).

Domingo mañana: Pasar una mañana dominguera en el rastro con tu madre puede ser de lo más entretenido; como normalmente estoy de resaca, ésta ha sido una práctica bastante nueva para mí. Me he dejado poseer por el Espíritu del Consumismo y he vuelto a casa con zarandajas varias, más o menos servibles, según momento, lugar y ganas de hacer el ridículo que se tengan.

Domingo tarde: Huida a la piscina, diez anchos en la Olímpica, más por autoimposición que por placer. Después, me he tumbado a leer para aprovechar las últimas migajas de sol de la tarde. Por fin, he terminado "El hombre que inventó Manhattan", de Ray Loriga. Lectura recomendada, a pesar de que en un principio -debo confesarlo- no me entró por el ojo. La voracidad con la que he terminado rematando el libro no me ha permitido tomar nota de las frases memorables que contiene, como siempre me gusta hacer.

Os dejo un diálogo que recoge en igual medida humor y desolación, ingredientes del tándem perfecto con el que se articula toda la novela. Se trata de una conversación telefónica entre Arnold Grumberg, maduro y solterón vendedor de pianos, con su madre, una vieja sobreprotectora y metomentodo:

-¿Has desayunado?

-Sí, mamá.

-Ya, y mi culo tiene plumas. El desayuno es la comida más importante del día, te lo he dicho cien millones de billones de veces.

-Pensaba ir luego a...

-Ya, y a veces mi culo levanta el vuelo con sus plumas de colores.

-Mamá, por favor.

-Ni por favor, ni leches. DESAYUNA.

-¿Cómo estás?

-Sola. Ah, por cierto, estuve el otro día en el cementerio de Riverdale y estoy pensando seriamente en una de esas parcelitas, cuestan una cantidad insensata de dinero pero creo que merece la pena. Hay sitio para los dos, uno al lado del otro.

-¡MAMÁ!

-Hay que hablar de esas cosas, hijo mío. Uno al lado del otro, como debe ser, no uno encima del otro, como hacen en otros sitios. Por eso sale más caro, pero es una parcelita muy mona. Tienes que venir un día a verlo.

-No creo que pueda, en realidad no creo que quiera.

-A lo mejor te parece una chifladura que una madre quiera estar enterrada junto a su hijo. A lo mejor te parece más propio que te entierren al lado de extraños. Yo sé que me voy primero y espero que tú tardes mucho en venir, pero cuando llegues quiero saber que vas a estar a mi lado. No me importa esperarte cien años, pero quiero estar contigo, hijo mío. No tengo otra cosa.

-Bueno, ya hablaremos.

-Tú tampoco tienes nada más, Arnold. Deberías tenerlo, pero no lo tienes. Siempre pensé que podías haberte casado con aquella rubia, Carla, Clara...

-Ciara.

-Eso. Me gustaba aquella chica. Era gorda, pero parecía buena.

-No era gorda, mamá, y no te gustaba, no te gustaba nada.

-Puede ser, ya casi no me acuerdo. ¿Y aquella otra morenaza? Menuda mujer. Siempre has tenido buena mano con las mujeres, tal vez demasiada. Si hubieses sido más feíto, ya estarías casado y yo tendría nietos y bisnietos. Pero eres un conquistador, Arnold, siempre lo fuiste, como tu padre; a tu padre le caían también como moscas, pero él tenía más cabeza. En fin, lo mismo da que te lo diga. Ahora ya es demasiado tarde.

-No digas eso, quién sabe.

-¿Quién sabe? Yo sé, hijo. No soy muy lista, pero se aprende mucho viviendo. Te veo, Arnold, te veo con los ojos de la mente, sé cómo eres. A ti te gusta fornicar...

-Por Dios, madre...

-Fornicar, sí, señor. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Tú fornicar has fornicado lo que has querido, pero no es así como se encuentra una buena esposa. En fin, ya no tiene remedio. A ti no te caso. Se nos pasó esa barca y la siguiente es ya la del viaje eterno.

-Mira, mamá, tengo un día muy complicado, así que no voy a poder hablar mucho.

-Ya me imagino. Ese negocio tuyo es una locura. Seguro que ya tienes gente haciendo cola en la calle. Hay que ver cómo le gustan a la gente tus malditos pianos.

-Te interesará saber que esta semana he recibido tres pedidos.

-A veces mi culo vuela tan lejos con sus plumas de colores que lo pierdo de vista.

-Bueno, en realidad sólo dos.

-Tú sigue así, hijo mío, a tu aire, en tu mundo de la fantasía, y no desayunes y fuma y dale al café y ya verás como todavía te vas el primero a la parcelita.

-Mamá, ya basta.

-No, hijo, no basta. Si me hubieras hecho caso alguna vez, nos habría ido mejor a todos.

-He hecho lo que he podido.

-Lo sé, Arnie, lo sé. Anda, no te enfades conmigo. Tú sabes que te quiero, es todo por amor.

-No me enfado.

-Sí te enfadas, sí.

-Que no...

-Bueno, hala, vuelve con tus cosas.

-Gracias, mamá. Lo cierto es que tengo mucho que hacer.

-Lo que tú digas, Arnie. Cuídate. Te quiero, hijo.

-Adiós, mamá. Cuídate mucho.

-¿Arnie? ¿Estás ahí todavía?

-Estaba a punto de colgar.

-He dicho que te quiero, Arnie y tú me has dicho “cuídate”. No veo yo que sea lo mismo. “Cuídate” se le dice a cualquiera aunque nos importe un bledo que se cuide o no.

-¿Qué quieres ahora?

-Ya lo sabes.

-Adiós, mamá. No puedo estar todo el día...

-Dímelo.

-Mamá, por favor...

-Dímelo.

-Si ya lo sabes...

-No lo sé. Si no me lo dices, no lo sé. ¿Tú sabes cuántos años hace que no me lo dices?

-Mamá, no soy un niño. Esto es ridículo.

-Dímelo, dímelo, dímelo, dímelo...

-Voy a colgar.

-Dímelo, dímelo, dímelo.

-Tienes que ver a un médico, madre; estás perdiendo la cabeza.

-Dímelo, dímelo...

-¡Está bien! ¡Me vas a volver loco! Te quiero, mamá, te quiero mucho. ¿Contenta?

-Gracias, Arnie, y desayuna, por el amor de Dios.

 

MEA CULPA

Por 2!!! Qué redacción más penosa la del último post... Prometo no volver a escribir en el blog estando ebria, jaja! (con lo que me gusta... la verdad es que me siento más inspirada). Pero no, no volveré a hacerlo. Por el bien de los que me leéis y de la pseudoliteratura bloguera (que a veces no es tan pseudo).

Este finde necesito una cura de estress.

Disfrutadlo. Yo lo intentaré también.

Un besote.

VIVIR PARA CONTARLA

Ahora llego a casa, ya sé... No tengo remedio!!! Que es jueves, que mañana trabajo... Ya, ya lo sé. He salido con unos compañeros de curro a ver unos monólogos del Juan Sebastian y, como siempre, la noche se he complicado más de lo previsto! Ains, qué le vamos a hacer.

Creo que le debo dinero a todo el mundo, yo que salía del laboro con lo puesto y en plan gualtrapa, siempre me lían. No sé cuántos cubatas han caído y menos sé por qué siempre tengo ganas de contarlo al llegar a casa, en lugar de dormir la mona como debiera! Debe ser que tengo alma de Luis Miguel Dominguín, que se acostó con Ava Gardner más para contarlo que por otra cosa. O de García Márquez, con su "Vivir para contarla".

Yo qué sé. Sólo sé que estas jornadas sientan muy requetebién. Alegran la vida y el alma. Y eso es lo importante, al fin y al cabo. Buenas noites.

VIVA EL VERANO!!!

The summer nos ha sorprendido por la espalda en esta ciudad nuestra tan repleta de guiris y de fluvis; de pronto las calles se han llenado de gente que no habla fabla ni nada parecido y el sol se ha despachado a gusto en Mañoland.

Salgo del dentista y decido comprarme un bikini, porque yo lo valgo, qué bien me queda, por diosss, es naranja, marrón y blanco. Cuando esté morena, ya será la leche!

Hoy me voy con otros ánimos a currelar.

Viva el verano!!!

LA PUTADA DE LOS LUNES

Volver al lunes es volver a empezar, volver a ser nueva, volver a encontrarte. Volver a tu mesa de trabajo donde ya nada parece estar donde lo dejaste, tus cosas te resultan ajenas y necesitas un par de horas para desembocar en el descanso, darte cuenta de que es lunes y de que esta falta de concentración no es precisamente seña de profesionalidad.

Entonces, te bebes de trago un café cargado de máquina y te entran más ganas de llorar que si bebieras un cubata de absenta, Puaggg, q malo.

Después, vuelves a tu ordenador, a tu teléfono, a tus papeles. Vuelves a las caras de tus compañeros. A las anécdotas del fin de semana, a la nostalgia de esos momentitos mágicos de los viernes, de los sábados. Y te vuelcas en el trabajo esperando que lleguen de nuevo. Dentro de cuatro días. Quizás.

Y MI CASA ESTÁ PIDIENDO UNA MANO DE PINTURA

Y ALGÚN PUNTO DE SUTURA PARA HACER PUNTO FINAL

DRESS CODE & CASUAL DAY

Ahora que se han puesto serios en el curro con esto del dress-code y tenemos que ir de lunes a jueves hechos unos pintas, con pantalones de corte, camisa y tacones, el viernes es el único desahogo posible para encajarte unos vaqueros y unas sandalias. Y cuanto más cutres, mejor. Es nuestro pequeño acto de rebeldía ante tanta obsesión absurda por proyectar una determinada imagen corporativa de prestigio (?) y pijismo.

Yo, la verdad, me estoy hartando un poco de tanta tontería. Y estoy de hard-copies, work-flows, dress-codes y falsos casual-days hasta las orejas.

Anoche salimos a celebrar que J. se ha liberado ya de todas estas ataduras. No la renuevan en el trabajo y muchos nos preguntamos si debe tomárselo como una putada o, más bien, como un favor.

Ante la duda, le organizamos una fiesta con cena, regalos, copas, cafeses, más copas, bares, más copas, tarjeta con frases emotivas de todos y, para finalizar, más copas.

Hoy estoy reventada. Me duelen los pies (anoche perdí un zapato, pero lo recuperé). Tengo resaca. Y prefiero hacer uso de la memoria selectiva y olvidar alguna hazaña bélica nocturna. Jaja.

Pero esta noche, más; que vienen las madrileñas y hay que estar a la altura de las circunstancias. Of course.

ESPERANDO QUE CAIGA LA NOCHE ESTOY

HACE FALTA VALOR, HACE FALTA VALOR

ESCUELA DE CALOR

Estoicamente, con la mente derretida, un menú insano -y no barato- de comedor de empresa en el gaznate y reprimiendo las ganas de siestear, he sobrevivido esta tarde a una reunión de trabajo soporífera, y no por ello menos amenazante. Resumiendo: más curro e igual salario. En esta ecuación, algo falla, se me escapa o, directamente, se han pensado que somos tontos. A mí que no me vendan motos, que no sé conducirlas ni quiero aprender.

He vuelto a casa derrotada. Este calor me va a matar. Ahora se supone que debería estar en la Gran Fiesta de Integración, en la que todos los compañeros de diferentes departamentos nos tenemos que hacer amigos por cojones para, así, sentirnos como en casa, ser todos coleguis y celebrar juntos los éxitos de la empresa, es decir, nuestros éxitos como equipo humano. Qué bonito.

Al principio caí en la trampa y dije que sí, que iría. Después me informaron de que era una fiesta sin alcohol y pensé que estaban de broma. Qué tipo de integración pretenden en una fiesta sin alcohol. Rotundo no. Por quién me toman.

Con la resaca de España en Semifinales -quién me iba a decir a mí que me tragaría un partido de fúrgol, cuasi-completo-, mi espalda quemada de la piscina, mis energías consumidas de perseguir ayer a mi primina de seis años en el agua y la tranquilidad de los temas que ardían ya tratados con quien correspondía, me despido.

NO DES UN PASO
NO DES UN MAL PASO
ESTO ES UNA ESCUELA DE CALOR

EN ESTOS DÍAS INCIERTOS

La guaza adolescente del fin de semana, la resaca postergada del lunes y este martes anodino, en el que el tiempo indeciso no acaba de pronunciarse a favor o en contra, son motivos suficientes para el amuermamiento mental y el desfayecimiento físico.

Si la semana pasada fue nocturna, tranquila y asocial (sin perjuicio de la amistad que trabé con todos los autobuseros de Therpasa), ésta se insinúa como todo lo contrario.

Vuelta al murmullo de la gente y a sus comentarios y silencios, vuelta a la luz del día y sus desencantos. Vuelta a los números, los simuladores, las cuotas, los parámetros. Vuelta a los programas absurdos de la tv y a esos dos libros de Ray Loriga que tengo en la cabecera de la cama y que no me acaban de atrapar. Vuelta a las vueltas de tuerca. Al orden irritante. A la Expo, la Eurocopa, o viceversa.

A los mails furtivos sin respuesta, en el trabajo.

A las dudas y a las ganas de que vengas, para contarte que... Para contarte.

CONTRADICCIONES

Quiero escribir de muchas cosas y de nada, a la vez. Quiero contar historias, propias o ajenas. Quiero formar un mapa de círculos adyacentes. Encajar las piezas o abandonar el puzzle para siempre. Quiero actuar o quedarme sentada. Invertir mi tiempo o perderlo en los silencios.

Quiero escuchar, quiero saber... Sí.  Aunque duela.  Aunque nos duela. 

Quiero saber.

AUTOCENSURA

He borrado mis dos últimos post del blog. Ninguno resistió la segunda lectura en frío. Cada cual tuvo su tiempo de vida: un día, o sólo unas horas.

Un día o sólo unas horas es tiempo suficiente para ver las cosas de otra manera o para arrepentirte de haber hablado demasiado. En ocasiones, basta un segundo. Para arrepentirte.

Pronuncias una frase e, inmediatamente, eres consciente de que la has cagado, de que tu interlocutor ha dejado de verte como el autopersonaje que te has trazado. Te das cuenta de tu desnudez y huyes despavorido hacia la justificación inútil. Pero ya es demasiado tarde. Por un instante, se te cayó la toalla y dejaste al descubierto tus vergüenzas. Sólo un instante basta.

El primer post lo escribí la madrugada del sábado y pecó de personal e intimista; por ello, falleció tras el letargo del sueño y la meditación obligada. El segundo retoño nació el domingo mañanero, mientras la ebriedad de mis dedos cabalgaba sobre el teclado, tras muchas horas de nocturnidad y alevosía; pero pronto desfalleció por equívoco y proclive a interpretaciones raras.

Ahora las historias están en mí. Quizás alguno las leisteis o intuisteis. Quizás alguno me pilló con la toalla en el suelo...

Hallar.   Enajenar.   Justificar.

Huir.

GRACIAS

Gracias a todos los que os acordasteis de mi cumple ayer, a todos con los que hablé, a los que me mensajeasteis, a los que no os pude coger el móvil por estar currando o comunicando o durmiendo (Lore, tú y tus horarios intempestivos...). Igualmente me doy por felicitada y estoy deseando que llegue el día 20 para que nos reunamos y desfasemos juntos. Os quiero un montón. Id acumulando motivos de celebración!!!

De momento, this night me marcaré un aperitivo de farra, para ir haciendo boca...

¡HE APROBAU!!

Me he quitado un peso de encima: bye, bye, Econometría, que te vaya bonito, que te vaya bien... Pero lejos de mí! Si a ello juntamos la mejora en el currelo y los cercanos veinticinco en plena forma, mis ganas de farra se incrementan exponencialmente!!! Olé, olé y olé. Este finde arderá Troya!

EN LA COLA DEL SUPER

Me encuentro en la cola del super con mi jefa y en su carro: pizzas, precocinados Frudesa y compresas con alas. Ante semejante panorama, la gente pierde su autoridad, imaginarte a tu jefa calentando en una sartén su arroz Frudesa o colocándose con esmero las Ausonia hace que pierdas todo respeto posible. Te citará el lunes en su despacho y te dirá, con cara de frustración sexual, que estás incumpliendo los parámetros, que tu productividad está por debajo de los objetivos... pero tú has visto que se alimenta de fast-food y usa detergente de marca blanca y todo lo que te diga, te hará gracia. Porque, en el fondo, sabes que es una de las tuyas, que se emborracha cada finde y tiene un novio seta que le sostiene el cachi en los conciertos donde ella se desfasa y se transforma en otra que no es ella, y salta e imagina desafíos fuera de su alcance. Y el lunes, en la oficina, vuelve a su realidad, a los parámetros incumplidos y a las respuestas fáciles, al saber estar y la amabilidad de manual de protocolo. Y vuelve a respirar H2O de oficina y ambiente de invernadero y la gente le dice que sí, que tiene razón en todos sus planteamientos y ella se siente segura, con sus Ausonia con alas, a prueba de subordinados falsos y novios seta.

¡ESTOY VIVA!

Después de varios días de abandono del blog, he vuelto! Concretamente, acabo de volver del Casco y dentro de menos de tres horas sonará el despertador e iniciaré un nuevo día, una nueva rutina. Llevo varios vozkas encima y no sé si dentro de unas horas sabré mantener el tipo. Pero ha merecido la pena. La buena conversación siempre merece la pena. Los reencuentros también. Además, el taxista, José Luis, me ha dado su número de teléfono, tras contarle mi vida... Cómo se flipa la gente. Y yo también, un poco. Feliz Hank Over, jeje. Me voy a la cuca. Mañana másss (más crónicas y más coherencia, lo prometo).

UNA DE CAL Y UNA DE ARENA

Desenpolvando mis escritos de dieciochoañera, me encuentro con esto:

SAUCES, PERROS Y AUSENCIA

 

Sauces que cantan mentiras,

perros que sienten ausencias,

sueños que mienten al viento,

sones prohibidos, miedo.

Calles que no tienen nombre,

madrugadas sin crepúsculo,

silencio de labios partidos,

copas de cristales rotos.

 

Palabras que inventan verdades,

susurros que gritan lamentos,

niños que nunca despiertan,

cunas donde duerme el viejo.

 

El viejo del sueño eterno,

el joven del sueño roto,

el niño que vive el presente

y yo, que vivo en tus ojos.

 

 

MI REALIDAD

 

Sé que tu realidad no es la mía,

que no entiendes mis suspiros,

ni mis risas a destiempo,

ni mi abrumador silencio

que habla solo.

 

Sé que divago demasiado,

que me pierden mis remordimientos,

mi feroz existencialismo,

la noche oscura

y tu mirada.

 

Sé que tú tampoco entiendes la vida,

siempre difusa,

siempre inabarcable,

siempre demasiado complicada

para nosotros.

Seguiremos desentrañando los entresijos de la pequeña magui... jeje.

 

 

 

AGOBIO VITAL

Escribo este post sólo para decir que estos próximos días voy a tener el blog un poco abandonado: en el trabajo me meten caña y encima este finde trabajo de noches, tengo que estudiar y me agobio porque mi cabeza ya no es lo que era y se niega a almacenar información que sabe por experiencia que luego no va a utilizar.

Cuanto menos tiempo tengo, más pienso en todo lo que tengo por hacer: reservar el curso de inglés, comprar esto o aquello, quedar con no sé quién, ver tal peli, devolver los libros prestados a la biblioteca, buscar un hueco este verano para viajar a Mallorca... Aaaaah!  ¿Por qué no sé priorizar?

Soy una evaporada vital. Quiero tener algo de eso que llaman "sentido práctico", pero no lo encuentro.

Sólo me queda el consuelo de saber que el jueves veré todo con otros ojos.

Gafas nuevas, mirada nueva, jeje. Todo bien

CAFÉ CON SAL

Como estoy bastante vaga y cansada de la semana (a pesar de la alegría que me dio una equivocación a mi favor en la nómina, que de momento nadie me ha reclamado), tiro de archivo y publico un poemilla que escribí hace unos tres años (o más...).

Hoy te miro frente a frente,

entre tú y yo, un café hirviendo

que no beberé.

No quiero quemarme el paladar

a tu lado,

no quiero pillarme los dedos,

si no vale la pena. 

No quiero quedarme sin palabras,

pero me quedo.

Y sólo sé balbucear

porque no entiendo

dónde quedó aquella vida,

dónde festejan los muertos.

Por dónde se va al infierno,

me pregunto.

Hay que dejar propina al camarero.

No sonrías tanto, chico,

que servir cafés amargos no es jugar al dominó,

no es pillar un colocón de amor al prójimo.

Únete a la charla, amigo,

cuéntanos tu jaque al rey,

tu plan rebelde, de peón.

Inquietud y desazón.

¿Quién echó sal en tu café?

¿Quién te engañó?

Quizás una reina feroz... 

Ya no hay lobos que temer,

no hay alfiles que evitar,

ni caballos que domar.

Sólo hay café.

Café con sal. 

Y no hay palabras,

ni taxis al infierno,

ni propina pal camarero...

Ni azúcar para endulzar.

VELOCIDAD PERSONAL

Respecto al finde, no comments porque, entre otras cosas, ni siquiera he salido de verdad (sólo en plan abueli -repetido viernes y sábado, pero con diferente cía.- a tomar algo y prontito a casa).

Cuando no se sale, el tiempo se estira como el chicle y se puede dedicar a otros extraños menesteres como, por ejemplo, leer (respecto a las encuestas, ocho libros por español al año me parece una media bastante aceptable, teniendo en cuenta que hay gente a la que "lo que menos le gusta de los libros es lo negro", como me dijo uno hace poco).

En este contexto de amuermamiento findesemaniano, se cruzó en mi camino "Velocidad personal", un libro que recoge siete relatos sobre siete mujeres diferentes, escrito por Rebecca Miller (hija del gran Arthur). Sin darme casi cuenta, me lo he chupado enterito, arrastrada por una prosa ágil, imbuida de poesía y despojada de tabúes sociales.

Por el libro desfilan: Greta, una editora de libros de cocina que un buen día se da cuenta de que va a "deshacerse de su hermoso marido como de un párrafo redundante"; Delia, una mujer maltratada que, tras la última paliza, huye con sus tres hijos buscando sobrevivir; Julianne, una aspirante a poeta que vive con un ex-profesor de Universidad que podría ser su padre; Bryna, la mujer que sirve en casa de Julianne (las historias se entrecruzan, ofreciéndonos varias aristas del mismo cubo, eso me gusta); Nancy, una niña perturbada a la que le gusta ver cuánto puede estar en una habitación sin que su padre se dé cuenta; Paula, una chica embarazada de veintiún años que recoge a un autoestopista quinceañero en la carretera; y, mi prefe, Louisa, una pintora que va de amante en amante, perdiendo el control sobre su vida (uno de estos amantes, Bruno, vuelve a cruzarse en la historia de Nancy).

En fin, como dice Miller en uno de los relatos, "cada cual tiene su propia velocidad personal". Mi velocidad cronológica, me dice que justo hoy me queda un mes para los veinticinco. "Dos" mío, nunca pensé que llegaran tan pronto...